domingo, 10 de junio de 2018

3...2...1... (DÍA DEL LIBRO)


3...2...1...

Tener vida, a esta simple pero compleja definición, se le llama, existir pero que es existir sin no sabes vivir. Pues bueno yo no sabia vivir hasta que la existencia se puso delante mía.
Iba caminando, caminando por el aeropuerto, tranquila pero con zancadas largas, ya que en tan solo una hora salia mi avión hacia la ciudad donde ejercía mi trabajo.
Gire la cabeza, una apuesta señorita me sorprendió mientras se agarraba el bolso, y sus ojos, se clavaban en mi como si fuese una delincuente. Me sobraban unos minutos para detenerme a comer. Entre en un bar decorado de la forma más peculiar posible, detrás de aquella vitrina había un suculento y llamativo sandwinch de pollo. Solo quedaba uno y eso lo hacia todavía mas llamativo. Me senté y la camarera se acerco a tomarme nota. Solo hicieron falta unos instantes para que su rostro se volviera pálido y blanco.
  • Vamos a cerrar pronto. – Dijo.
    ¿Tan pronto? Bueno no hay muchos clientes, no les convendrá.
    Me trajo mi bocadillo muy seria y sus pies se volvieron antes de soltarlo, trajo saliva y al dejarlo en la mesa sus pasos se alejaron cada vez mas rápido.
    No me pude acabar la comida, así que, se la lleve a un perro que había visto al entra, estaba abandonado y a mi misma, me pregunte, que quien tiene la sangre tan fría para hacer esa barbaridad. Era casi la hora, entonces me dirigí a coger mi avión. Cuanto mas andaba mas me miraba la gente. No aguantaba más y demasiado grosera para mi forma de ser, respondí a un chico:
  • ¿Que pasa? – grite – nunca has visto a una chica con prisa.
Me señalo con el dedo, mientras andaba hacia atrás, de un momento a otro salio a correr.
  • Uf – suspire.
Decidí ir al baño. Simplemente y con mucha lógica, me vi a mi, mi ropa y mi bolso, pero nada mas.
  • ¿Que le pasaba hoy a la gente? – me pregunte a mi misma.
Salí de el baño y me dirigí, con la cabeza muy alta, a la puerta de embarque. Justo antes de entrar, una mujer mayor, muy mayor, me detuvo.
  • Es mágico – dijo, mientras me detenía con su mano en mi hombro izquierdo.
    Yo un poco sorda de ese oído, le pedí que lo repitiese, esta con una sola palabra me puso los vellos erizados:
  • Mágico – dejando en mi un suspense y, a la misma vez una intriga, que pocas veces Había experimentado en mi vida.
Un altavoz, anunciando el cierre de puertas, me puso de nuevo los pies en la tierra.
Fui subiendo, mientras pensaba en aquella palabra “mágico” pero ¿que es mágico?, algo imposible, un truco de magia, cuando se crea vida pero, ¿que es realmente mágico?.
Al terminar de subir las escaleras, vi a una pareja de azafatas.
  • Bienvenida – dijeron las dos a la vez. Que mal miente alguna gente, pero para que mentir..., creo que no acabo de comprenderlo. Pero bueno, a lo que íbamos, busque mi asiente al lado de la ventanilla.
Las dos personas que supuestamente iba a tener al lado todo el vuelo no se quisieron sentar, es más pidieron por favor, que le cambiasen el asiento. Así que aproveche, y me puse cómoda; mi cabeza apoyada en la ventanilla con una almohada pequeña, me la había comprado anteriormente, mi espalda recaía sobre el sillón,.Había sido un día duro y estresante, tocaba descansar. El bolso, lo puse, en mi asiento consecutivo. Entonces lo vi. Mi hija pequeña, había abierto el baúl, el baúl secreto, lo saco y lo metió en mi bolso. Ella, con su inocencia, no se podía ni imaginar, que magnitud de gravedad podía tener ese acto. Me empecé agobiando, más tarde sentí un sudor frío recorriendo todo mi rostro, por ultimo a penas sin voz, llame a la azafata.
  • ¿Esta bien? Esta muy pálida – con un nudo en la garganta le señale el bolso.
    La azafata, con los ojos casi fuera, grito:
  • Nivel cuatro, nivel cuatro.
  • Evacuación inmediata. – grito la compañera.
    No evacuaron a todos con una rapidez espeluznante.
    Nos llevaron al aeropuerto y por unas gigantes cristaleras podíamos ver todo lo que pasaba.
    Llegaron los artificieros, sus trajes eran verdaderamente asombrosos. Al cabo de unos minutos, salieron del avión.
    Se inicio una cuenta atrás en voz alta.
  • 10...9... – todos estábamos expectantes – 8...7... – y saber que todo esto ha sido, de algún modo, culpa mía... – 3...2...1...0.
    Los oídos me pitaban, no veía nada. En el momento en el que los abrí, pude observar un mundo que me sonaba, estábamos en Hogwarts, magia, fantasía, podíamos hacer lo que quisiéramos. De vez en cuando, podemos ir a otros mundos, totalmente diferentes, deslumbrantes, de miedo, de asesinos, cada uno con lo suyo.
    Creo que podre acostumbrarme a esta vida, al fin y al cabo todo fue por un libro.


MARÍA GONZÁLEZ GUTIÉRREZ.

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